Estampas (III): Susurradores

Un susurrador es una cosa fácil de hacer. Hay que tomar un tubo grande, chico o mediano, y decorarlo. Se lo puede pintar, pegar papeles, telas, enroscarle hilo encerado. Lo importante es que tenga color. Cuando está preparado, hay que decidirse a andar por las calles con dos o tres poemas y decírselos a alguien al oído a través del susurrador. Mirta Colángelo cuenta que siempre tiene uno en el auto, otro color dorado que le regaló un amigo y otro con el cual sólo recita poemas de García Lorca. Unas veinte personas están paradas alrededor de las mesas decorando los tubos, Mirta les sugiere a los niños colores y texturas. Después de una media hora está todo listo, hacemos una fila con los Susurradores en la mano, sobre el hombro o bajo el brazo y empezamos a caminar por calle 18 hacia 70 por el medio de la calle. Tratamos de recordar los poemas de Galeano, Gelman, Anderson y Machado, entre muchos otros que nos regaló Mirta. Subimos a las veredas y nos animamos a susurrarles a las personas que por allí pasan. Algunos aceptan con timidez, otros curiosos pero ninguno indiferente. Nos perdemos por las calles del Meridiano V en esta calurosa tarde de sábado, buscando y encontrando personas para decirle un poema, una copla o un verso como en un susurro.

Texto: Jésica Delgado / Fotos: Luciana Aon

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