-¿Este año hay Muestra Ambulante? –la pregunta no la hizo uno; la hicieron diez, veinte, cien y más vecinos y amigos. No todos hablan de lo mismo cuando dicen “Muestra Ambulante”, porque la experiencia es tan intensa que cada uno tiene su propia anécdota, su propio relato y su propio legado.
Lo cierto es que, para muchos, "Muestra Ambulante" ya dice algo. A veces no hace falta explicar la expresión. Todos sabemos: la Muestra Ambulante, La Grieta, Meridiano V.
Pero ninguna Muestra Ambulante fue igual. Y van varias. Todas, claro, tuvieron rasgos en común: la vocación de encuentro, la mixtura de lenguajes, la construcción colectiva y una buena onda cada vez más expansiva. La Muestra es contagiosa. A veces, ni falta hacen los medios de difusión:
-Vine porque me contaron que había...

En el 95 había obras en los negocios. Fue la primera apuesta. El territorio era un barrio venido a menos por el declive del ferrocarril. Guardaba sus recuerdos con nostalgia. La estación se abría de tanto en tanto. El playón de 17 y 71 era, en la práctica, una terminal de micros.
Aquella primera muestra fue, ante todo, una disputa con el centro: cuestionaba la reclusión del arte en museos y galerías. Llevamos las obras a la vida cotidiana.
Pasó una década hasta las siguientes muestras ambulantes -2005, 2006, 2007-, que encontraron a un barrio distinto, y al grupo organizador habitando el Galpón de Encomiendas y Equipajes. La Muestra creció: hubo más artistas, más amigos trabajando, más preparación durante el año. Subimos la apuesta sumando los garajes de vecinos, para redescubrir esos espacios intersticiales que unen nuestra vida privada con el espacio público. Había otras discusiones pendientes y el arte servía de excusa para darlas. La Muestra confrontaba con el discurso de la inseguridad, que clausura cualquier encuentro.

Este año hay. “Vuelve” la Muestra Ambulante. Pero no para repetirse.
Queremos seguir desafiándonos. Desde principios de año, La Grieta viene pensando la quinta Muestra con otro grupo amigo, el colectivo de gestión cultural y comunicación Medio Limón, que se sumó de lleno a la organización.
Aspiramos a que lo que pase en cada garaje y cada negocio sea producto de un encuentro real, no de iguales, sino de experiencias, miradas y saberes diferentes que generen nuevas riquezas.
Sabemos que el barrio es otro, distinto que dos años atrás. Hay mucho movimiento, incluso turístico. En una cuadra y una esquina hay siete bares o restobares. Un hostel. Una feria. A veces, espectáculos masivos. Y el viejo pastizal es una plaza de juegos al que asisten vecinos de otras partes de la ciudad.
Con la Muestra seguimos buscando cambiar la rutina. La del ferretero, la del vecino que trabaja en el centro, y la de la oferta cultural estable. Transformar el ritmo de la calle, provocar corto-circuitos, ir más allá del espectáculo programado. Crear nuevos climas.
En eso, sabemos también que la Muestra empezó mucho antes del 21, y no terminará el 5. O al menos que siempre quedan huellas, rastros, diálogos establecidos. Y discusiones abiertas. Porque la muestra es, además de artística, una intervención social y política que contiene preguntas por la ciudad que queremos.

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